Autismo y psicosis infantil

niño estresado mientras arma unos bloques de juguete con su madre

El autismo es considerado por el DSM IV como uno de los “trastornos generalizados del desarrollo” que se caracterizan por una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo: habilidades para la interacción social, habilidades para la comunicación o la presencia de comportamientos, intereses y actividades estereotipadas.

Las características esenciales propiamente del “trastorno autista” son la presencia de un desarrollo “marcadamente anormal o deficiente” de la interacción y comunicación sociales y un repertorio sumamente restringido de actividades e intereses. Las deficiencias de la interacción social son importantes y duraderas. Puede presentarse una importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social. Puede existir una incapacidad para desarrollar relaciones con otros niños y niñas de la misma edad.

En el ámbito social, los niños y niñas autistas presentan extrema dificultad para relacionarse con los demás; pueden actuar de manera extraña e inapropiada; prefieren estar solos, se relacionan mejor con las cosas que con las personas y casi nunca expresan sus emociones.

En cuanto a la comunicación los niños y niñas autistas parecen sumergirse en su propio mundo, donde se creería no es importante comunicarse con los demás. Esta conducta no es voluntaria, se debe a una incapacidad para establecer comunicación con los demás, así como a diversas dificultades en el lenguaje.

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